Es una pregunta que todos en algún momento de nuestra vida nos hacemos, y tratamos de contestarnos, pero así como es de simple una palabra con cuatro letras, es tan difícil su definición. Yo podría decir que es un conjunto de sentimientos que experimentas (la mayoría de ellos) al mismo tiempo, dependiendo del cómo va siendo la experiencia que éste te va permitiendo vivir. Por ejemplo, al principio todo es lindo, la pareja se comporta cariñosa (el uno para el otro), se prometen estar ahí siempre, se apoyan, se ayudan, se dedican a ellos y poco después, se prometen amor eterno; pero así como va avanzando el tiempo, las cosas van llegando a su fin, uno ya no aporta lo mismo que el otro en la relación y empieza a evadir y ocultar preguntas y respuestas, llevando a la perdición a lo que antes llamaban amor.
Creo que a todos nos gustaría saber desde un principio si alguien es para nosotros o no lo es, y tratamos de descubrirlo dándole oportunidades, no tanto a la persona, sino a la situación; es decir, dejando que pasen cosas que tal vez no deberían pasar, o que son cosas que al final dicen más de lo que son (una acción vale más que mil palabras), te arriesgas por querer descubrir hasta dónde va a llegar todo, y en ese proceso, aunque desde un inicio solo haya sido curiosidad, se vuele admiración, le empiezas a dar importancia a lo que hace y deja de hacer el admirado, tratas de estar ahí siempre que te necesite, y sin darte cuenta, terminas enamorándote de alguien al que has investigado y del que has sacado conclusiones (que si es lindo, tierno, inteligente, cariñoso, etc.). Y es ahí cuando todos nos volvemos obvios, ya es tanta la admiración que existe, que todo mundo se da cuenta. Lo lamentable es que generalmente, la persona que queremos que se de cuenta no lo hace, provocándote a llevar tu imaginación a cosas positivas y negativas, dejándote caer de una gran alegría a una gran depresión en tan solo un instante.
Si tan solo supiéramos la cura a esos cambios de ánimo, a esos miedos de que las cosas dejen de existir, tal vez seríamos más felices, pero eso no es posible, y hasta cierto punto, le quitaría el sentido a la vida. Tal vez una solución sería que dejáramos de sentir, que nos volviéramos piedra y ya, pero si fuera eso, al no sentir, no viviríamos y estaríamos muertos en vida, y de esa manera, no disfrutaríamos de las demás personas que están a nuestro alrededor queriéndonos y apreciándonos como siempre. Pero lo más triste de todo esto, es que al no sentir, no nos podríamos querer a nosotros mismos, obligándonos a llevar una vida de oscuridad y tristeza… que honestamente, nadie se merece.
lunes, 21 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario